¡Yo soy boricua señores!

Jue, 12/26/2019 - 14:11 -- alerta
Herbert Mujica Rojas
27-12-2019
 
No importa la hora, menos el crucero, calle, avenida o paraje, todos te dicen buenos días, buenas tardes, felicidades o que le vaya bien. Si hay un paraíso con gente bailando en las calles desde las 5 de la tarde, ese se llama San Juan de Puerto Rico.
 
Es probable que Puerto Rico tenga, como todos los demás Estados latinoamericanos, dificultades innúmeras, complicadas, difíciles. Sin embargo nadie puede dejar de destacar la alegría combativa con que la gente de aquí afronta los retos.
 
Cierto que algo más de 800 mil boricuas dejaron la isla para buscar futuros mejores especialmente en Estados Unidos y las huellas se notan por todas partes: casas destruidas y abandonadas, vehículos al garete en cualquier calle, techos destartalados, edificios sin ocupantes, energía eléctrica para el alumbrado público muy deficiente, no obstante hay una especie de batería perenne que anida en el alma boricua, invencible y musical.
 
En cualquier momento se produce un chubasco que no dura más de 15 ó 20 minutos y siempre avisa con sus nubes negras y viento fuerte y el chaparrón sí que moja y es mejor que lo piense dos veces antes de salir en plena lluvia tropical ¡ni el alma le quedará seca!
 
El turismo es básicamente estadounidense, luego de varios días en San Juan vi por vez primera a unos brasileros caminando orondos y comprando con entusiasmo. Norteamericanos, japoneses y chinos conforma la andanada visitante. Cuando cuento que soy peruano me miran con alegría y gritan Machu Picchu aunque de cada 10 ¡ni uno! haya ido a nuestra tierra.
 
Puerto Rico es oficialmente Estado Libre Asociado a los Estados Unidos y aunque no vota en el comicio para renovar presidente y cámaras, sí posee su propio Congreso con representantes y senadores. La polémica acerca de qué conviene más a los portorriqueños en su relación con Gringolandia es un asunto que lleva muchos años en debate.
 
Pero a nadie se le ocurriría que “este pedacito de patria” carece del son latinoamericano en sus cantatas alegres y bailes –o mejor dicho ballets- de requiebros coquetos, elegancia en piruetas y galantería en parejas que hacen que la danza popular reverbere en compases de tremendo frenesí en todas partes.
 
Fui a La Vergüenza, bar en Comunidad La Perla, al pie del mar y dónde se filmó “Despacito” de Daddy Yanqui y Luis Fonsi, y –puede no creerme pero es cierto- una octogenaria con andador bailaba sin parar. Otro señor con no menos de 85 años daba clases de cómo moverse y envidiaba la rapidez de sus piernas, la agilidad de su cintura y sabia orientación que daba a su pareja una chiquilla de no más de 20 años pero que tenía lo suyo en belleza y agilidad inigualables.
 
Otro fue el propósito que me trajo a San Juan para ser pasto de unos mosquitos feroces que me agarraron de punto y dejaron su impronta en brazos y piernas.
 
Algo debía hacer la comunidad latinoamericana para alentar el turismo a esta isla paradisiaca y tan latinoamericana, cuya alma se identifica plenamente con el castellano –aunque todos son también angloparlantes-, la vitalidad de sus bailes, el encanto de bellezas naturales y de mujeres hermosísimas que pasean su fina estampa por doquier.
 
Esta primera visita a San Juan tiene otros aspectos que narraré en otro momento. Estas impresiones iniciales signan lo que ha sido hasta hoy júbilo inusitado, la Navidad con seres muy queridos en esta tierra y por tanto exclamo en la poesía de una tonada popular: ¡yo soy boricua señores!