Bandera a media asta por Carlos Sánchez Fernández

Mié, 03/29/2017 - 13:22 -- alerta
Herbert Mujica Rojas
29-3-2017
 

 Con pena indescriptible y gracias a la nota en Facebook de Carlos Aylas, me entero de la partida del maestro del periodismo nacional, Carlos Sánchez Fernández. Nuestros espíritus, tan acicateados por su voz serena de mando experto, tienen la bandera a media asta. Casafer, Viejo Líder, Carlitos, como le llamábamos con familiaridad desde hace más de 40 años, se nos adelantó al puerto sin retorno, al recodo del camino por el que todos habremos de transitar.
 
Carlos era un periodista de finísimo olfato, leía en los intersticios de los sucesos y las veces que mostraba paciencia se llenaba de comprensión con los bisoños que no procesaban los decibeles de su voz pícara, ora, enérgica o colérica cuando perdía los estribos. Más de una vez, recordarán los muchachos de Extra, salía de su oficina solicitando ¡cómo sea! un lanzallamas.
 
Había conocido a Carlos cuando dirigía el Suplemento de Ojo, allá por 1976-7 y concurría al “camarote” de la Av. Inca Garcilaso de la Vega invitado por Carlos Roose Silva, Crose, que también nos dejó pocas semanas atrás, y trabé contacto con su mirada curiosa que indagaba por ese “muchacho pelucón” (entonces gozaba de esa apariencia), hasta que un día me encargó la redacción de textos y parece que no lo hice tan mal. Por lo menos Jesús Túpac Yupanqui, me informó “ya firmé el recibo para que te paguen, aunque sea para los cigarros”, me dijo entre risas. No sabía él que no fumaba, ni fumé nunca.
 
Los viernes a partir de las 7 pm. se reunía un grupo de periodistas en la Asociación Guadalupana en la Av. Alfonso Ugarte. Roose llevaba su “máquina infernal”; Gastón Vásquez las últimas cuitas de lo que acontecía en El Comercio; Dante Piaggio contaba chistes y solía ir con un maletín que abría sobre las 10 pm. y depositaba con unción una botella de fino vodka; Julio César Arriarán, Puchito, también eran de la partida. Manuel Cenzano arribaba, tan flaco entonces como hoy. Y, por supuesto, estaba de alguna manera presidiendo el divertido convite, Carlos Sánchez Fernández a quien le cantaba hasta un poema, el otro Carlos Sánchez Manzanares, tempranamente desaparecido y a voz en cuello proclamaba la jefatura de “Viejo líder invicto y circunspecto” como describía a Carlitos. Y todo bajo la mirada gatuna, traviesa, miope de Pedro Flores Figueroa. El más chiquillo, metido en el asunto, era quien esto redacta.
 
Por ratos charlaba con Carlos y sobre política, noticias y periodismo. Por esos días, como hoy, sigo siendo un firme aficionado y parece que nuestro gran amigo algo intuyó. Apenas comenzada la década de los ochenta, ya estaba Casafer en Extra y fui a pedirle trabajo. Sin mayor trámite me llevó a conversar con Guillermo Cortez Núñez, Cuatacho, y luego de largos 45 minutos, el director me dijo “bienvenido a bordo” y le espetó a Sánchez: “bajo tu responsabilidad”. Hasta hoy he preferido no traducir la admonición.
 
Y arranqué en Extra y conocí allí a muchos colegas, muchos de ellos aún vigentes: Jimmy Torres, Humberto Pinedo, Ricardo Espinoza, Carlos Ney Barrionuevo, Pepe Fonseca, Coco Venegas, Carlos Enciso, Hugo Laredo, Raúl Hernando, Semizo, Gino Ceccarelli, Carlos Aylas, Tito Huaranga; entre los administrativos, Canaza, Bolívar, Blas, quienes alegraban la fiesta que era Extra bajo la conducción de Carlos Sánchez y la magnífica colaboración de Nelly García.
 
Carlos era exigente y ejercía su dirección con entusiasmo juvenil y muy travieso. Baste decir que él mismo ayudaba a cerrar cada columna para luego dar paso a charlas divertidas que terminaban muy temprano y con el reparto madrugador de los colegas por todo Lima.
 
Alérgico a la figuración bien podía trabarse discusión en torno a historia del Perú como de sucesos políticos como de ciencia, lógica o tecnología. Sánchez leía con pasión y estaba al tanto de libros, revistas, recortes y …. ¡de la competencia!
 
Maestro sin par, no era fácil ganarle un debate. Imponía su experiencia desde redactor simple, volteador, cronista presencial y una redacción de empaque y galano manejo del castellano. Solía reclamar el mataburro cuando cruzábamos sables sobre algún término y el veredicto venía del diccionario.
 
Son muchas las cosas por recordar, pero el suceso, merece otras palabras de homenaje.
 
Con Carlos Sánchez Fernández se va un ejemplo de periodismo audaz, bien escrito, finamente detallado y con sólidos pilotes de base informativa. Era enemigo de las coimas y de los sainetes y comediantes que llegaban con recados venales a pedir “respaldo”. Vivió con una familia extraordinaria, su esposa Margarita, que se fue algo antes y su hijo Carlitos a quien vi crecer desde que era casi un bebito.
 
Hoy estamos con la bandera a media asta. Cuando entro a mi casa veo dos acuarelas que nos obsequió Carlos Sánchez Fernández y entonces vienen a mí las imágenes de más de 40 años compartidos, él desde su puesto de maestro y quien esto escribe, como alumno humilde que en algo pudo aprovechar la riqueza amical del gran timonel que fuera Carlos.
 
Descansa en paz querido Carlos.
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