¡Adiós Mario Tarazona, un amigo en las duras y en las maduras!

Mar, 10/13/2020 - 10:18 -- alerta
Zully Pinchi Ramírez
 
por Zully Pinchi Ramírez; zullyarlene39@gmail.com
 
14-10-2020
 
La llamada de Verónica, una de mis mejores amigas, el pasado sábado 10, me dejó con una tristeza abrupta y varios pensamientos de incredulidad e impotencia han pasado por mi mente. Se nos fue Mario Tarazona.
 
Días atrás conversábamos por teléfono con Mario y como siempre vía whatsapp, ya que a lo largo de la pandemia no nos hemos visto y no dejaba de contarme sobre su gran proyecto, su película, su primera filmación, producción y actuación: El fugitivo de los Andes, sobre sus adorados hijos, su natal Carhuaz que evocaba con orgullo. Me relataba sobre su infancia feliz, su familia, su madre querida, las mujeres hermosas a las que amó y sobre todas las ilusiones que tenía para su aún joven vida.
 
Siempre activo, risueño, dándome ánimos, diciendo: “vamos con fe” a todo lo que se presentaba como obstáculo, como piedra de camino.
 
Recordé una loca noche de juventud hace más de diez años, en la que con él y un grupo reducido de muchachos, entre ellos Verónica, cantamos con tanta alegría dentro de un pequeño auto, la última melodía de Luis Fonsi en esas épocas: “Yo no me doy por vencido”, estábamos sobrios, pero embriagados de entusiasmo y esperanza. Gritábamos al cantar con tanta fuerza que se generó una indescriptible empatía y complicidad, que solo los buenos amigos saben tener.
 
Mario Tarazona Pajuelo era como uno de esos querubines en la tierra, que siempre hacían de todo para apoyarme. ¡Cómo olvidar su larga estadía en mi departamento de Madrid, se quedó como un mes, estaba totalmente entusiasmado con que el cine español, francés, italiano y gringo pudieran pasar su gran western peruano y le recibí en mi pequeño pero acogedor hogar.
 
Cada día temprano me dejaba una nota pegada en la pared con un mensaje para seguir adelante y no detenerme ante nada. El en sus temas y yo con los míos, pero cuando coincidíamos no dudábamos en caminar por las hermosas calles del centro de Madrid y él tan soñador imaginaba una segunda película rodada en el viejo continente: “nunca dejes de soñar Zullyta, me decía con mucha seguridad y perseverancia.
 
El parque de diversiones de la capital española fue escenario de aventuras, que tuve el privilegio de poder ir con Mario, en 5 años viviendo allá, nunca encontré un compañero de juegos mecánicos que no tuviera problema en subirse al carrusel de niños en un caballito o a una montaña rusa. Mario era así, intrépido, aguerrido, respetuoso, noble, justiciero y, sobre todo, un amigo leal.
 
La mañana del 14 de noviembre del 2019 no la olvidaré nunca. Mario tocó la puerta de mi dormitorio muy temprano, las ventanas dejaban pasar el aire frío propio en España. Cuando le abrí me insistió en que ya me levantara y eran apenas las 7 y algo, me dirigí al comedor y había preparado una hermosa mesa con detallitos bonitos y un suculento desayuno ese día por mi cumpleaños. Mario me obsequió  un abanico con un bello paisaje de Sevilla que guardaré siempre. No teníamos relación sentimental alguna, ni fuimos amigos con derechos ni cariñosos, fuimos amigos de verdad, esos con los que uno cuenta siempre para estar en las buenas y en las malas.
 
Mario y yo no solo tuvimos aventuras de viajes de política y caminatas nocturnas por el parque El Retiro y la famosa calle de la Gran Vía, en el mes que fue mi huésped de honor.
 
En una noche de sollozos, lloré abatida, él intentaba consolarme e inquiría ¿por qué lloras amiga mía?, ¿sigues siendo la misma niña sensible de siempre?. Mientras yo me quebrantaba y me enredaba con tantas lágrimas. Esa madrugada, no supe por qué tuve tanta aflicción pero hoy lo he podido comprender, es increíble e impresionante lo que en ese momento pasó, lloraba como una niña herida y con un profundo dolor mientras él desesperadamente intentaba robarme una sonrisa.
 
Adiós Mario, adiós amigo, gracias por tanto cariño, siempre guardaré tus consejos, sé que estás como un angelito en el cielo junto con Dios.